PROCESO DE ELABORACIÓN

El proceso de elaboración de la cerveza comienza con la selección y molienda de la malta, cuyo objetivo es facilitar la acción de las enzimas naturales que transformarán el almidón contenido en el grano en azúcares, durante el proceso conocido como maceración. En este paso se somete a la mezcla de agua y malta a una serie de escalones de temperatura que activan los distintos procesos de conversión de malta en azúcar tanto fermentable como no fermentable.

 

Tras la maceración se procede a filtrar el mosto obtenido, con el fin de separar este último de los restos de grano (bagazo). El mosto resultante se somete a un proceso de cocción, en el que se hierve durante dos horas. Es en esta fase cuando se añade el lúpulo, que conferirá el amargor y aromas característicos de la cerveza a la vez que actuará como agente antibacteriano.

 

Éste se envía a continuación al Whirlpool, recipiente en el que se crea un remolino que logra separar de manera natural el mosto que se enviará a fermentar de las proteínas sólidas y restos de lúpulo contenidos en él. El mosto obtenido se enfría rápidamente a una temperatura de 8°C (para cervezas estilo Lager), previo a la adición de levadura, para pasar a los fermentadores donde se mantendrá dicha temperatura durante una semana. Pasada la primera semana se cierran herméticamente los fermentadores para que durante el proceso de transformación de azúcares en alcohol por las levaduras (fermentación), el propio CO2 liberado se disuelva paulatinamente en la cerveza, obteniendo así una carbonatación completamente natural y controlada de la cerveza.

 

Es este proceso el que permite controlar la cantidad exacta de CO2 disuelto en la cerveza gracias al tarado de la presión de los tanques, evitando la necesidad de refermentaciones y los consiguientes posos que generan, asegurando también una carbonatación constante hasta que ésta llega al consumidor.

 

Transcurridas 4 semanas, se procede a la fase de maduración a baja temperatura (entre 0 y -1°C), con lo que se consigue una clarificación y estabilización en frío de la cerveza. Este procedimiento sustituye al filtrado, pues se obtiene una decantación natural, produciendo así una cerveza cristalina que conserva todas las propiedades del extracto de la malta obtenidas durante el proceso de elaboración de la misma.

 

Es a partir de este momento cuando la cerveza está lista para embotellar y embarrilar, que al realizarse isobáricamente mantiene el grado de carbonatación y evita posibles oxidaciones por contacto con el aire, manteniendo así la frescura con que ha sido diseñada.

CONTACTO

Compañía Cervecera Zeta S.L.

Camí de la mar 21

ES-46120 Alboraya

zeta@zetabeer.com

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El proceso de elaboración de la cerveza comienza con la selección y molienda de la malta, cuyo objetivo es facilitar la acción de las enzimas naturales que transformarán el almidón contenido en el grano en azúcares, durante el proceso conocido como maceración. En este paso se somete a la mezcla de agua y malta a una serie de escalones de temperatura que activan los distintos procesos de conversión de malta en azúcar tanto fermentable como no fermentable.

 

Tras la maceración se procede a filtrar el mosto obtenido, con el fin de separar este último de los restos de grano (bagazo). El mosto resultante se somete a un proceso de cocción, en el que se hierve durante dos horas. Es en esta fase cuando se añade el lúpulo, que conferirá el amargor y aromas característicos de la cerveza a la vez que actuará como agente antibacteriano.

 

Éste se envía a continuación al Whirlpool, recipiente en el que se crea un remolino que logra separar de manera natural el mosto que se enviará a fermentar de las proteínas sólidas y restos de lúpulo contenidos en él. El mosto obtenido se enfría rápidamente a una temperatura de 8°C (para cervezas estilo Lager), previo a la adición de levadura, para pasar a los fermentadores donde se mantendrá dicha temperatura durante una semana. Pasada la primera semana se cierran herméticamente los fermentadores para que durante el proceso de transformación de azúcares en alcohol por las levaduras (fermentación), el propio CO2 liberado se disuelva paulatinamente en la cerveza, obteniendo así una carbonatación completamente natural y controlada de la cerveza.

 

Es este proceso el que permite controlar la cantidad exacta de CO2 disuelto en la cerveza gracias al tarado de la presión de los tanques, evitando la necesidad de refermentaciones y los consiguientes posos que generan, asegurando también una carbonatación constante hasta que ésta llega al consumidor.

 

Transcurridas 4 semanas, se procede a la fase de maduración a baja temperatura (entre 0 y -1°C), con lo que se consigue una clarificación y estabilización en frío de la cerveza. Este procedimiento sustituye al filtrado, pues se obtiene una decantación natural, produciendo así una cerveza cristalina que conserva todas las propiedades del extracto de la malta obtenidas durante el proceso de elaboración de la misma.

 

Es a partir de este momento cuando la cerveza está lista para embotellar y embarrilar, que al realizarse isobáricamente mantiene el grado de carbonatación y evita posibles oxidaciones por contacto con el aire, manteniendo así la frescura con que ha sido diseñada.

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